Con un traje azul marino, con pinta de haber sido muy poco usado.
¡Y con sólo verme entrar se le abultó la bragueta!
Me senté en otra mesa, obligándole a girar la cabeza para mirarme.
Afortunadamente para él, nadie mas podía ver mis piernas bajo la mesa, y aunque fue algo muy rápido, le hice una apertura total de muslos. ¡Un auténtico "nueve y cuarto"!
Inmediatamente después me levanté y me fui, sin siquiera mirarle a los ojos, ni dirigirle una sonrisa.
Porque, para el día siguiente, se me ha ocurrido una sorpresa para él.
Hasta entonces...
¡Un largo y profundo beso húmedo!
